

La caída del muro de Berlín (comunicación entre este y oeste), el nacimiento de Internet (comunicación accesible y portátil), el surgimiento del outsourcing (casi cualquier trabajo de conocimiento se puede realizar en cualquier parte del mundo), son los detonadores de la globalización que ha venido ocurriendo desde hace poco más de 20 años (Bates y Poole, 2003).
Como consecuencia de esta globalización, el desarrollo de sistemas educativos a distancia que emplean TICS ha experimentado un enorme auge. Sin embargo, es necesario tomar en cuenta al usuario de estas tecnologías, es decir a la persona, por lo que se debe tener cuidado de que exista un adecuado fundamento pedagógico para los cursos a distancia y de que en realidad se ofrezcan posibilidades de aprendizaje superiores a las ofrecidas en el modelo presencial. Como señalan Bates y Poole (2003), la cuestión no es si se debe o no usar la tecnología, el fondo del asunto es: ¿en qué contextos y para qué propósitos es apropiada la tecnología para los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación?
Las instituciones educativas
El reto para las instituciones educativas es hacer perceptible para el estudiante el ofrecimiento de un servicio o producto de valor agregado que contenga los conocimientos que se requieren en el mercado laboral (Lozano y Burgos, 2007). Es posible complementar esta idea con lo que Bates y Poole (2003) dicen sobre que el cambio más grande en los países desarrollados ha sido la reducción en la cantidad de obreros no calificados para operar las fábricas y las líneas de producción. Muchas industrias requieren una proporción mucho mayor de trabajadores altamente educados y más aún, requieren de una fuerza de trabajo altamente flexible y adaptable, capaz de cambiar continuamente al ritmo de su entorno.
Como consecuencia de esta globalización, el desarrollo de sistemas educativos a distancia que emplean TICS ha experimentado un enorme auge. Sin embargo, es necesario tomar en cuenta al usuario de estas tecnologías, es decir a la persona, por lo que se debe tener cuidado de que exista un adecuado fundamento pedagógico para los cursos a distancia y de que en realidad se ofrezcan posibilidades de aprendizaje superiores a las ofrecidas en el modelo presencial. Como señalan Bates y Poole (2003), la cuestión no es si se debe o no usar la tecnología, el fondo del asunto es: ¿en qué contextos y para qué propósitos es apropiada la tecnología para los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación?
Las instituciones educativas
El reto para las instituciones educativas es hacer perceptible para el estudiante el ofrecimiento de un servicio o producto de valor agregado que contenga los conocimientos que se requieren en el mercado laboral (Lozano y Burgos, 2007). Es posible complementar esta idea con lo que Bates y Poole (2003) dicen sobre que el cambio más grande en los países desarrollados ha sido la reducción en la cantidad de obreros no calificados para operar las fábricas y las líneas de producción. Muchas industrias requieren una proporción mucho mayor de trabajadores altamente educados y más aún, requieren de una fuerza de trabajo altamente flexible y adaptable, capaz de cambiar continuamente al ritmo de su entorno.
Hace 50 años sucedió una de las transformaciones más importantes en las universidades de los países desarrollados: los gobiernos, en respuesta a la presión pública de contar con mayor acceso a la educación superior y de reconocer la importancia para la economía de una fuerza de trabajo educada, rápidamente expandieron el número y la oferta de las instituciones de educación superior (Bates y Poole, 2003). Esto llevó a la “masificación” de la educación superior, antiguamente reservada a las élites, y en consecuencia a una enorme heterogeneidad de los estudiantes.


